Rendez-Vous Moon de JAEGER-LeCOULTRE

Con sus fases de la luna, potentes y maravillosamente realzadas, el Rendez-Vous Moon de Jaeger-LeCoultre constituye una invitación ideal para dejarse guiar por el más femenino de todos los astros. Símbolo del tiempo, la luna es el reloj de arena de las aguas, de las mareas y de nuestros ritmos biológicos, es una fuente de inspiración poética que encarna a la mujer, a la hija y a la hermana. Fecunda y maternal, le habla a nuestra imaginación. ¿Es el matiz blanco que confiere el reflejo del sol, su esposo según la cultura inca, lo que le da un aura tan femenino? Algunos solo ven en ella su faz oculta, y ciertamente nebulosa. Cuando se opone al sol y este la ilumina en su totalidad, la luna irradia bondad e ilumina la noche con su rostro pleno y redondo. En cuanto a sus otros cuartos… ambos cultivan su parte de misterio.

Rendez-Vous Moon de JAEGER LE-COULTRE

Jaeger-LeCoultre deseaba compartir su fascinación por los astros con las mujeres que no son indiferentes a la belleza de nuestro universo. Para ellas, la Manufactura del Valle de Joux concibió y desarrolló un nuevo modelo para su línea femenina emblemática y decidió dotarla de fases de la luna, una complicación relojera tradicional que encuentra una nueva forma de expresión
estética en el Rendez-Vous Moon.

Las fases de la luna son la estrella de este reloj. Con su presencia inaudita y sus
generosas proporciones, se regocija más que nunca mientras revela la libertad
creativa que anima a la Grande Maison. A lo largo de los días, la luna engrana las preciosas informaciones y las transmite a quien lleva el Rendez-Vous Moon ceñido en su muñeca. Luna llena, luna nueva o creciente, la luna expone su primer cuarto, brindando informaciones que se viven cotidianamente. Durante
generaciones enteras y en función de sus propias creencias, siempre se han tomado en cuenta las indicaciones lunares. Así se crea en ello o no, lo cierto es que las fases de la luna son a la relojería lo que la alta costura es a la vestimenta. Notable y, por consiguiente, esencial.

Jaeger-LeCoultre ha deseado dotar a esta complicación de una precisión que revela el compromiso de la Manufactura en la concepción de su nuevo movimiento. Las fases de la luna clásica presentan un día de desfase cada dos años y medio. El Rendez-Vous Moon está concebido para permanecer preciso durante 972 años… es decir, durante toda una eternidad.

Para esta nueva creación, fue más necesario que nunca buscar una total armonía. En efecto, había que conservar las características tan expresivas y distintivas de la línea Rendez-Vous, al tiempo que se otorgaba a las fases lunares un espacio a la medida de su rol, tan determinante en nuestras vidas.

En el croissant del Rendez-Vous Moon, las miradas aguzadas notarán inmediatamente el arco de las horas estilizadas por los dígitos estirados. Presenta un disco que ofrece el espectáculo cautivante de la bóveda celeste y ocupa prácticamente la mitad de la esfera. El cielo, de color azul profundo, desvela las constelaciones y resplandece gracias a un puñado de diamantes brillantes. Los aspectos importantes del reloj —la visualización de las horas y la complicación calendario— están repartidos ecuánimemente en el Rendez-Vous Moon, en el que la técnica y la estética tienen una función primordial.

La madreperla es el material indicado para cubrir el disco de la luna. Se le
atribuyen simbólicamente virtudes femeninas, calma y serenidad. Y algunas
veces hasta maternales y protectoras, como preservar la calma con dulzura
ante las dificultades de la existencia y las penas. A pesar de que el color y los
reflejos irisados son distintos de un nácar a otro, la emoción permanece
intacta.

Los diamantes también participan en esta celebración de la luz. El engaste forma parte de la tradición de los conocimientos especializados de Jaeger- LeCoultre. En las piezas de oro blanco, y según una especialidad de la Grande Maison, las gemas danzan desde el borde de la caja hasta las coronas, el bisel y las asas, para finalmente regocijarse sobre los dígitos. Cambia al ritmo de los gestos de la mano. Las dos coronas están engastadas con un diamante invertido. Una sirve para ajustar las horas y las fases de la luna; la otra, para instrumentar una estrella móvil que permite personalizar el tiempo. Así, este astro, que brilla con todo su resplandor, se sitúa sobre el contorno de las horas en el momento de su elección, representando un rendez-vous real o secreto que solo le pertenece a ella.

Jaeger-LeCoultre ha deseado ofrecer dos propuestas de este nuevo modelo, uno de 36 milímetros de diámetro y el otro de 39. Estas versiones comparten rasgos comunes: el disco de la luna, realizado en nácar, está engastado con diamantes y luce cabujones que simbolizan las estrellas. Ambas se entregan con brazalete de satén azul.

El Rendez-Vous Moon de 36 milímetros propone una esfera con dígitos azules que invocan el color azul intenso del cielo. Este reloj brilla con todo el esplendor de sus 166 diamantes talla brillante. Con el fuego de sus reflejos, se ceñirá maravillosamente a las muñecas más finas.

En 39 milímetros, el Rendez-Vous Moon gana en diámetro pero también en sofisticación. Con su hermosa dimensión, la esfera se presta al guilloché. El cielo del Rendez-Vous Moon se beneficia de esta técnica de grabado delicado, realizado mediante un torno y que necesita un gesto seguro para que los motivos se entrelacen delicadamente. Seguidamente, se coloca una laca azul sobre el cielo guilloché. Esto le confiere un efecto de profundidad única, a tal punto que las miradas se sumergen en la inmensidad nocturna de la esfera, coronada por una hilera de diamantes para aumentar su seducción. En total, 208 diamantes talla brillante han participado en el delicado engaste de esta cautivante creación.

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