Rendez-Vous Celestial de JAEGER-LeCOULTRE

El nuevo guardatiempos de Jaeger-LeCoultre tiene una cita con el cielo. El reloj Rendez-vous Celestial se presenta como una auténtica oda a la libertad de creación que inspira a la Manufactura del Valle de Joux desde 1833. Homenaje a los oficios artísticos, su elegancia se conjuga inextricablemente con su excelencia mecánica. Realizado con el máximo respeto a la relojería tradicional, ilustra 180 años de historia, de saber hacer y de perfección técnica. El Rendez-Vous Celestial de Jaeger-LeCoultre invita a un viaje galáctico recordando que hace 180 años, bajo ese mismo cielo, Antoine LeCoultre le dio vida a la manufactura que se convertiría en la Grande Maison del Valle de Joux.

reloj señora Rendez-Vous Celestial de JAEGER-LeCOULTRE

El cielo siempre ha suscitado un impresionante sentimiento de admiración y ha sido materia de estudio para los relojeros del Valle de Joux. El fundador de Jaeger-LeCoultre, Antoine LeCoultre, estaba impresionado por la naturaleza, la vía láctea y sus constelaciones. Este talentoso inventor consagró toda su vida a la búsqueda de la perfección otorgando una atención particular a los elementos. Para rendir homenaje a su espíritu de inventiva, Jaeger-LeCoultre ha creado el reloj Rendez-Vous Celestial.

Fascinante, la decoración de este reloj demuestra que el espíritu de inventiva y la libertad de creación del fundador habitan para siempre en los hombres y mujeres de la Grande Maison del Valle de Joux. En este lugar en el que el hombre se deja llevar por la magia de la naturaleza, los artesanos de Jaeger-LeCoultre organizan la medición de los días, de las horas y de los minutos que acompasan la vida cotidiana. Ellos se enfrentan a los desafíos más locos para crear íconos de la relojería, en los que se encarnan los valores de autenticidad, excelencia y refinamiento.

En su caja de oro blanco de 18 quilates, el reloj desvela todo su encanto. Como un eco luminoso, los diamantes fascinan desde el canto de la caja hasta las coronas, pasando por el bisel, para finalmente regocijarse cual diadema sobre los dígitos. La esfera se abandona a la belleza de los oficios raros al tiempo que preserva la legibilidad de todas las funciones. Los dígitos de las horas, emblemáticos de la colección, estiran su silueta contemporánea sobre una medialuna guilloché a mano, según establece la tradición ancestral de este arte decorativo, y cubierta de una laca azul translúcida. El arco de las horas corona un disco que ofrece el cautivante espectáculo de la bóveda celeste con la constelación colocada sobre una preciosa placa de lapislázuli. Con un espíritu absolutamente poético, los diseñadores de la pieza decidieron integrarle una estrella fugaz para personalizar el tiempo: ajustada por una segunda corona ornamentada con un diamante invertido, el astro móvil permite concertar un “rendez-vous” con el cielo.

Destacando las ambiciones celestes que convierten a este reloj en un instrumento perfecto para entregarse a las observaciones astronómicas, un calendario zodiacal situado sobre la esfera permite mostrar la posición de las constelaciones en cualquier momento del año mediante un calendario anual que regula el sistema de visualización y de la medición del tiempo. El movimiento mecánico de carga automática, Calibre Jaeger-LeCoultre 809, hace girar el disco de las estrellas, casi imperceptiblemente, al ritmo de 23 horas 56 minutos y 04 segundos.

reloj señora Rendez-Vous Celestial de JAEGER-LeCOULTRE

El reverso del reloj es una auténtica oda al trabajo artesanal. En este movimiento excepcional de 230 piezas se enaltece la tradición ornamental de la Alta Relojería: la masa oscilante está decorada con côtes soleadas para recordar la resplandeciente estética de la esfera.

El fondo de cristal de zafiro antirreflectante garantiza que el observador dispondrá de todas las condiciones necesarias para lograr penetrar en los arcanos de este calibre de gran precisión -28.800 alternancias/hora- mientras que por el lado de la esfera, las miradas se sienten atraídas por la estrella fugaz que nos recuerda que tenemos un “rendez-vous” con el destino. Una invitación a pedir un deseo.

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