PARMIGIANI FLEURIER Tonda 1950 Poppy

La relojería tiene el poder de hacernos felices. Parmigiani Fleurier está convencido de ello. Plagados de pasión y savoir-faire, infundidos de libertad y audacia, sus relojes influyen en las personas que los llevan. Su última creación confirma la regla. Con su aspecto solar y sus tonalidades euforizantes, el Tonda 1950 Poppy es un modelo dotado para la felicidad. Fruto de la sucesión de estas etapas duraderas, repetitivas y agotadoras en ocasiones, se crean los relojes tal y como Parmigiani Fleurier los ha diseñado. Con todo lujo de detalles, visibles o no, pero que tienen mucho que decir sobre la filosofía y las exigencias de la Manufactura.

PARMIGIANI FLEURIER Tonda 1950 Poppy

La piedra, su auténtica naturaleza 

Parmigiani Fleurier recupera la exultante experiencia vivida con el Tonda 1950 inspirado en Capri, con una esfera realizada en un disco de turquesa. En el caso de su nueva creación, el planteamiento inicial sigue siendo el mismo: un reloj con una estructura mineral natural, un diseño que integra la belleza intrínseca de la piedra y, por último, la búsqueda de la armonía y la interacción entre colores y materiales. En esta ocasión se ha optado por la aventurina, una piedra cuyo color acidulado se ha encargado de resaltar la Manufactura para que la esfera del Tonda 1950 proclame a gritos su vitalidad. Ideal por su color, lo es también por su carga simbólica, en perfecta armonía con el espíritu de la Manufactura. La aventurina, cuyo nombre procede del italiano a l’avventura (a la aventura), encarna la libertad de espíritu y el conocimiento y refleja el alma de la Casa, impulsada por una inspiración sin límites y que extrae su erudición relojera de las fuentes de la restauración.

Su Majestad el rojo El espíritu de creatividad de Parmigiani Fleurier se traduce en la búsqueda de colores intensos y luminosos. Tonalidad sobre tonalidad, la Manufactura procede pacientemente por eliminación hasta encontrar el tono justo que hará vibrar al reloj. En el Tonda 1950 Poppy, la aventurina se tiñe de un rojo que combina con gran belleza con el delicioso oro rosa de la caja. En un ramillete cromático perfectamente estudiado, estas tonalidades avivan la iridiscencia de la correa, mientras que el cabujón de auténtico rubí que remata la corona aporta el punto de exclamación final a esta composición repleta de vida.

Brillo a raudales

El esbelto perfil del Tonda 1950 es la máxima expresión del estilo Parmigiani Fleurier. De factura clásica, sobriamente adornada por las agujas ahusadas de la hora y de los minutos, y por los apliques, la cara visible del reloj sufre una metamorfosis gracias a la aventurina color amapola. El impacto de esta tonalidad, eléctrica y poética a la vez, se intensifica mediante la caja engastada. El brillo de los diamantes recorre de este modo el bisel en toda su longitud, llegando hasta las asas y subrayando su elegante forma. Las gemas están colocadas en una disposición in crescendo, de menor a mayor, en lugar de estar seleccionadas de forma idéntica. De este modo, el engaste gana en opulencia. Inundado por el brillo, el reloj decorado de esta forma rinde homenaje a la feminidad.

Precisión exquisita

El Tonda 1950 Poppy está accionado por un calibre extraplano de fabricación interna. Con una autonomía de 42 horas, este movimiento incorpora una micromasa oscilante excéntrica de platino 950 y presenta los acabados de Alta Relojería característicos de Parmigiani Fleurier. Los puentes están arenados y estirados, presentan una decoración Côtes de Genève y se han angulado a mano posteriormente antes de someterlos a un proceso de rodiado. Del mismo modo, cada una de las ruedas es angulada, «cerclée» en ambas caras y, por último, dorada antes del tallado. Esta finura, expresada mediante las gráciles proporciones de la caja y que se puede apreciar en el trabajo inaudito llevado a cabo en los componentes del reloj, representa un auténtico desafío en lo que respecta a la esfera, realizada en aventurina.

Dura y frágil a la vez, la piedra se corta previamente en porciones a partir de un bloque y se trabaja a continuación con la máxima delicadeza para evitar que se rompa, hasta obtener un disco de aventurina perfectamente plano. Esta inmersión en lo infinitamente  delicado continúa, puesto que aún deben perforarse orificios minúsculos en el disco de aventurina, en el centro y el perímetro, donde se fijarán las agujas y los apliques.

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