PARMIGIANI FLEURIER Tonda Métrographe Bleu Abyss

Ella es artesana y fabricante de esferas en La Chaux-de-Fonds; él es fotógrafo en Chicago, pero ambos comparten una misma misión: capturar la belleza del Tonda Métrographe en un color de esfera o en una escena urbana; plasmar ese azul abisal sobre una superficie de níquel o inspirarse en las profundidades del lago Michigan para realizar una fotografía que lo refleje. La colección Métro es el primer reloj de Parmigiani Fleurier dedicado, por su esencia y sus líneas, a la magia de las grandes ciudades del mundo, a sus habitantes y al ritmo desenfrenado que guía sus pasos. Esta colección recibe el nombre de «Métrographe» para caballero y «Métropolitaine» para señora.

PARMIGIANI FLEURIER Tonda Métrographe Bleu Abyss

El fotógrafo deambula por las calles rectilíneas de la metrópolis en busca de una instantánea. Es una mañana de verano y el sol que acaricia los tejados es ya deslumbrante. Los edificios colosales le dominan y, mientras analiza su majestuosidad desde detrás del objetivo, surge un problema. En esa ciudad, la luz es excesiva o resulta insuficiente. El sol, cuando se impone, es cegador, pero cuando las sombras le ganan la partida, la hacen tenebrosa. Entre esos dos extremos encontrados, el contraste está omnipresente y el fotógrafo no logra encontrar un juego de luces más suave. Busca y sigue buscando.

La artesana fabricante de esferas de la división relojera de Parmigiani Fleurier contiene el aliento, como siempre que tiene que lograr el azul abisal tan característico de la marca. Su obtención es infinitamente sutil y, a pesar de sus numerosos éxitos con este color, ella sigue conservando la prudencia por principio. Reúne las condiciones básicas necesarias, un baño galvánico muy preciso, una intensidad de corriente concreta y una temperatura totalmente controlada. Con gesto seguro, sumerge el soporte en la cuba y lo agita con un giro de mano cuyo secreto solo ella conoce. Bajo los efectos de la electrolisis, el color se transforma y el espectáculo, incluso después de haberlo visto tantas veces, no deja de maravillarla. El primer tono naranja fuerte deja paso a un marrón herrumbre; a continuación aparecen los tonos violáceos, hasta llegar a un color berenjena sobrecogedor; por último, los fermentos de azul se dibujan con ese azul-violeta que se torna azul y… unos instantes después… azul abisal. Stop. Ya tiene su color y retira el soporte con un gesto seco. Dos o tres segundos más en ese baño y todo el conjunto habría pasado al azul real y posteriormente al gris. «El baile de colores galvánicos es un arte delicado», se dice mientras admira el perfecto azul abisal resultante con una sonrisa en los labios. Hay que saber jugar con los parámetros externos y esperar el momento justo.

«Jugar con los parámetros externos y esperar el momento justo». De repente, en Chicago, la consigna le asalta y sabe que tiene la solución. Las estructuras acristaladas de los rascacielos que le rodean pueden provocar, en determinados momentos precisos del día, la reflexión de la luz. Así pues, solo debe esperar el minuto exacto en el que esos cristales retroiluminen la escena para alcanzar el preciado equilibrio estético entre las sombras y la claridad. Se coloca en las intersecciones estratégicas de esos contrastes y espera su momento. Y entonces, justo cuando los rayos del sol inciden con el ángulo perfecto, aprieta el botón de la cámara y captura su instante de eternidad.

PF 310, PF315 – Movimientos de la colección Métro

En 2014, Parmigiani Fleurier lanza la colección Métro con los calibres PF310 y PF 315 para el Tonda Métropolitaine y el Tonda Métrographe respectivamente. La nueva gama de movimientos, fabricada en su totalidad por Parmigiani Fleurier, representa un logro industrial para la marca y, en ese sentido, Vaucher Manufacture Fleurier, la entidad fabricante de motores de la división, ha puesto a punto procesos de fabricación optimizados para ella.

Las máquinas de transferencia lineales, combinadas con el uso de troqueles, permiten una homogeneidad de la producción que determina la fiabilidad incondicional del calibre. Los procesos de fabricación racionalizados pueden por tanto reproducirse en términos de calidad y exactitud.

Por otra parte, los constructores imaginaron diseños «monobloque» para permitir, cuando resultaba posible, fabricar componentes multifunción que disminuyeran los ajustes necesarios.

Por último, se ha recurrido a toda la maestría de la división para perfeccionar la precisión del movimiento. Es el caso, por ejemplo, del volante de inercia variable, conocido como «volante con cabezas perdidas», gracias al cual es posible suprimir la raquetería clásica. Esta innovación permite ajustar el momento de inercia girando las cabezas perdidas en lugar de jugar con la longitud activa de la espiral como es necesario con un ajuste tradicional. De esta forma, funciona de manera estable a largo plazo, obtiene resistencia a los choques y, gracias al mantenimiento del punto de cómputo, garantiza un correcto isocronismo. Esa constancia se ve reforzada por el doble barrilete que permite una distribución más estable y lineal de la energía que un barrilete único dentro del calibre.

En lo que respecta al flujo industrial, cada componente termina en manos del artesano para dotarlo de un acabado 100 % manual que ninguna máquina podría darle. El pulido de los ángulos de los puentes se realiza en el torno manual, todas las partes visibles del movimiento están perladas y las Côtes de Genève terminan por sublimar el conjunto. El trabajo manual que exige cada calibre es colosal.

Este movimiento, el corazón de la colección Métro, es una maravilla técnica que combina trabajo industrial, relojero y artesanal.

Todos los ahorros en términos de recursos que permite el trabajo industrial en las primeras fases del proceso se reinvierten al final en el valor percibido y verdadero del producto. Las economías de escala obtenidas en la fabricación se ponen al servicio de la optimización de las prestaciones de funcionamiento. De igual forma, el tiempo ahorrado en un primer momento se dedica luego a la decoración y al trabajo artesanal final con que se firman unos productos verdaderamente excepcionales. El movimiento de la colección Métro ejemplifica una división relojera independiente en la cumbre de su oficio.

PARMIGIANI FLEURIER Tonda Métrographe Bleu Abyss

La colección Metro

Es un reloj redondo de acero que se caracteriza, tanto en su versión para caballero como para señora, por las proporciones longilíneas que le confieren toda su elegancia. Se trata de un reloj de diseño urbano y moderno, ya que pretende ser más fino que los demás clásicos de la marca, en la línea del Tonda 1950. El movimiento de calibre 3000 y su colocación en la caja se han estudiado con precisión para obtener una carrura delgada y refinada.

La sutileza de esta colección Métro, un pequeño desequilibrio que le confiere su toque particular, se debe al hecho de que el reloj es asimétrico, posee dos perfiles distintos. Su perfil izquierdo, el que no lleva la corona, es clásico, convencional, corresponde a la forma de gota icónica que constituye el principal código de la marca. Su perfil derecho, en cambio, presenta unas asas alargadas que se extienden hasta la corona, bordeándola, y que, en caso de la versión de caballero, engloban los pulsadores del cronógrafo.

Esta asimetría constituye la identidad de la pieza, la parte más singular del reloj; un toque de modernidad que huye de las convenciones.

La estética de las esferas de la colección Métro se basa en un principio de contraste que pone de relieve un aspecto determinado de la pieza.

En el Tonda Métrographe de caballero, el elemento destacado es la complicación del cronógrafo, gracias al realce de sus dos contadores de minutos y horas. Cuando la esfera es blanca graneada, los contadores son grises y se realzan con un disco azulado; en cambio, cuando la esfera es negra o azul abisal, los contadores están rodeados de una fosforescencia gracias a un material superluminova que los resalta de día y los hace brillar de noche. Estos dos contadores forman juntos un 8 en diagonal, lo que consolida el símbolo de identidad de Parmigiani Fleurier.

En el Tonda Métropolitaine, lo que destaca es la feminidad y sus formas redondeadas para suavizar las modernas líneas de la pieza. A la carrura longilínea se oponen los acabados de la esfera denominadas «flinquées», en forma de olas onduladas. Las cifras y los índices están cortados en cabujón y emergen redondeados y en relieve de un plano bidimensional dominado por líneas rectas.

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